Almogávares

Anoche vi el partido del Barça por televisión. Mestalla, que es el campo de juego del Valencia C. F. ―lo que aclaro por si alguien que no sepa de fútbol lee alguna vez este diario―, estaba lleno de banderas. Banderas valencianas y españolas que el realizador no dejó de mostrar ampliamente en varios planos al inicio del partido. Había muchas, muchísimas. Cuando veo el Barça por la televisión sintonizo el audio de Cataluña Radio, porque me gusta seguir la “Transmissió d’en Puyal”, y ayer también lo hice. Durante la primera parte del partido trascendió que la policía había requisado una bandera catalana y una pancarta a una peña de seguidores azulgranas cuando accedían al estadio porque consideró que incitaban al odio. Y yo me preguntaba, ¿qué criterio sigue la policía para determinar qué banderas o pancartas incitan al odio y cuáles no? Porque a mí se me hacía extraño que, entre tantas banderas como había en el estadio, sólo la catalana incitara al odio, así como una pancarta que únicamente decía “Almogàvers”, que es como se llama la peña en cuestión.

Este es un tema delicado. Ya hace días que está presente el tema del odio y al respecto tengo que decir que me parece muy fuera de lugar que el ministro que debe velar por el orden público en un país supuestamente democrático, estimule, incentive, anime o como se quiera decir, que ahora también hemos de tener cuidado con las palabras que usamos, que unos ciudadanos denuncien a otros con la etérea, subjetiva y manipulable excusa de la incitación al odio. ¿Es que acaso no incita al odio entre vecinos una actitud así? ¿No recuerda esto las revanchas que se produjeron durante la guerra civil y después? ¿Este es su concepto de reconciliación? Sería mejor que el ministro pusiera freno a las erupciones violentas de las manifestaciones unionistas, que siempre acaban con destrozos y disturbios provocados por individuos airados y odiosos que campan a sus anchas, descontrolados porque nadie los controla, como ayer, sin ir más lejos, pasó una vez más en algunas poblaciones catalanas.

Esta mañana he ido al médico. Se trataba de una visita rutinaria, el control anual que me hace la doctora para que la tensión no se descontrole. Nada reseñable, si no es que al marchar, ha saltado la noticia de que ha muerto el fiscal jefe de Cataluña, José María Romero de Tejada, que accedió al cargo en sustitución de Martín Rodríguez Sol ―obligado a dimitir por el gobierno español por haber dicho que “el pueblo de Cataluña se le debe dar la posibilidad de expresar lo que quiere”, en relación al 9N― y presentó la querella contra el presidente Mas y las consejeras Irene Rigau y Joana Ortega que les llevó a juicio.

En nueve días han muerto inesperadamente dos fiscales del más alto rango. Uno en Argentina, por culpa de una infección. El otro en Madrid, a causa de una leucemia.

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