La comunidad

Para mí estos son unos días extraños. Se han juntado varias cosas que hacer con carácter ineludible que han desplazado mis hábitos. Esto me sume en una cierta desorientación, y el desconcierto me hace pensar en que me hago viejo, lo que es una obviedad. Si me hago mayor, es normal que para sentirme seguro dependa cada vez más de las certezas que aportan las rutinas. Al menos, así lo tengo entendido. Pero tampoco soy tan viejo y la realidad es que yo he sido muy rutinario siempre.

Sobre todo en los últimos meses, escribir se ha convertido en una rutina y es por eso que la echo de menos en días como estos últimos, cuando si he podido ponerme, no ha sido con el tiempo y la tranquilidad con que me gusta hacerlo. No me es fácil escribir, me cuesta, pero me resulta gratificante cuando lo consigo. Unas veces más, otras menos, pero siempre me es satisfactorio comprobar que he sido capaz de redactar unas cuantas líneas, al menos. En sentir esta íntima satisfacción, radica el sentido de mi diario. Disciplinarse y ser capaz de escribir un poco cada día, por poco que sea, como aconsejan escritores que han llegado a ser reconocidos. La disciplina y el esfuerzo son los fundamentos del éxito, entendido aquí como consecución de lo que uno se propone.

Vuelvo a despertarme a medianoche y me cuesta volver a conciliar el sueño. Hoy, me he levantado durante este rato de vigilia. Ha sido entonces cuando he visto que había recibido un correo electrónico que confirmaba nuestras reservas para ir a Bruselas. También he leído las entradas de Palinuro en su blog y he revisado la agenda de cosas que tengo que hacer los días que vienen, entre las que no son pocas las derivadas de la presidencia de la comunidad de propietarios. Menos mal que ya se acaba el mandato, porque ahora ya empiezo a estar cansado. Ha sido un año lleno de incidencias y proyectos nuevos que ha habido que sacar adelante, pero estoy contento porque los vecinos también lo están. De hecho nadie ha pedido la independencia y los hay que me han propuesto mantenerme en el cargo a perpetuidad.

Pero yo, aunque eso me halaga, no quiero perpetuarme ni imponer mi manera de pensar y de hacer las cosas a nadie. Mejor que vayamos cambiando y que cada uno se desempeñe como buenamente pueda y dios le dé a entender.

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