Las mentiras y el ventilador

Vivo con los cinco sentidos puestos en lo que pasa a mi alrededor, pendiente de noticias y opiniones que me permitan entender la realidad que me rodea, que es muy inestable y cambiante, como corresponde a un periodo transición hacia una realidad diferente. La República llegará y, una vez instaurada y en funcionamiento, evolucionará de acuerdo con la voluntad del pueblo que la está alumbrando. Sólo es cuestión de tiempo.

No resulta fácil mantenerse al día. Esta semana se preveía tranquila. Hasta el próximo viernes el Presidente y los consejeros exiliados no deben comparecer ante el juez belga que entiende la petición de detención europea cursada por la juez Lamela contra ellos, y sin embargo, desde el sábado, no paramos de recibir estímulos de todos los colores.

Del lado independentista se han intensificado los contactos ―complejos por la situación― para preparar la contienda electoral. Finalmente parece que concurrirán 3 candidaturas diferenciadas pero con un pacto de no-agresión entre ellas y con acuerdos en común en cuanto a la hoja de ruta a seguir para alcanzar la independencia. También parece que las 3 están de acuerdo en que ―si se da― una victoria soberanista debe servir para restituir Puigdemont ―que se presenta en una de ellas― como Presidente legítimo de la Generalitat. Ya que no ha sido posible una lista única que superara el proyecto de Junts pel Sí, como el Presidente y muchos ciudadanos queríamos, está bien que estén de acuerdo y dispuestas a colaborar en aspectos esenciales, por lo menos.

Esta vez no hubo guerra de cifras. Nadie cuestionó que fueran 750.000 los asistentes a la Gran Manifestación por la Libertad de los Presos Políticos y eso, precisamente, es lo que extrañó a alguien que, habiendo estado allí, pensaba que esta estimación se quedaba muy corta, e hizo un estudio mucho más riguroso y documentado que el de la Guardia Urbana. ¿Resultado? Que no habían sido menos de un millón doscientas mil personas ―por lo menos, utilizando la razón de densidad por metro cuadrado de entre 4 y 5 personas que se desprendía del cálculo de la policía local.

El éxito de aquella protesta del sábado pasado radica en el origen de la intensa actividad de descrédito que ha puesto en marcha el estado español contra el soberanismo, tergiversando y sacando de contexto algunas declaraciones de políticos que defienden la independencia. La intención es clara: nos quieren hacer creer que los líderes nos han engañado con un proyecto imposible para el que, además ―dicen― no estaban preparados. Quieren desanimar a las bases nacionalistas con mentiras, ya que no pueden hacerlo de otra manera.

No es verdad lo que dicen. Lo único que no se calculó bien es la extrema brutalidad de la reacción del gobierno español antes de la entrada en vigor del 155. Aunque ellos nieguen las evidencias, la realidad de esa violencia la vivimos en primera persona el 1 de octubre. Pero había más, porque se ha sabido que el día 10 había desplegado en torno al Parlamento de Cataluña todo un dispositivo de fuerzas de élite dispuestas a asaltarlo y detener a todo el Gobierno, como poco. No sé cómo la revista Interviú ha tenido acceso a esa información, pero que se sepan estas cosas no interesa al gobierno ni al PP y por eso han declarado secreta la información relativa al dispositivo policial del 1 de octubre. Julian Assange, muy activo en favor del proceso, ha ofrecido una recompensa de 20.000 € a quien lo revele.

Después, con la aplicación del 155, Rajoy pensaba que tendría carta blanca, pero el Presidente del Consejo Europeo le advirtió que Europa no toleraría la razón de la fuerza y ​​que esperaba que se impusiera la fuerza de la razón ―una advertencia no muy sutil, a la altura intelectual de los más ineptos. Por eso, porque no puede hacer uso de la fuerza policial como le gustaría y porque el independentismo parece más sólido cada día como se vio el sábado, el gobierno español y todo el aparato político de su partido tienen que recurrir a la utilización de la intoxicación y la mentira.

Ahora que ya funciona el 155 en Cataluña aunque de manera sui generis, tengo la impresión de que ni PSOE ni Ciudadanos cuentan mucho en las decisiones que toma el gobierno del PP. Para ejecutar las medidas represivas no los necesita. Sólo le han servido para legitimar la propuesta al Senado de aplicación del controvertido artículo de la Constitución española. Los de Ciudadanos ya han dicho algunas veces que ellos habrían llegado más lejos y, de hecho, no pierden ocasión de espolear a Rajoy para que lo haga. Pero los del PSOE parece que todavía no se han dado cuenta de que los han utilizado, a estas alturas. O por lo menos, no dicen gran cosa.

El PSC sí que abre la boca, para decir que no pactará con nadie que defienda la soberanía de Cataluña. Y, sin embargo, han fichado a alguien contrario al matrimonio homosexual como número 3 de la lista. Espadaler, se llama, y procede de la extinta Unión Democrática y es democristiano, como Duran i Lleida, que ya va anunciando a bombo y platillo que votará al PSC sin complejos. Como si a alguien le importara un rábano lo que hará.

Y, mientras tanto, el gobierno del PP continúa despreciando al pueblo español y niega su evidente corrupción en sede parlamentaria. Rajoy se hace el loco. Y Soraya dice: “Y tú más” y pone en marcha el ventilador.

Deixa aquí el teu comentari.

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

Esteu comentant fent servir el compte WordPress.com. Log Out /  Canvia )

Google photo

Esteu comentant fent servir el compte Google. Log Out /  Canvia )

Twitter picture

Esteu comentant fent servir el compte Twitter. Log Out /  Canvia )

Facebook photo

Esteu comentant fent servir el compte Facebook. Log Out /  Canvia )

S'està connectant a %s