Huelga

He salido a la terraza al levantarme y no se movían ni las hojas. Ni los pájaros cantaban. Y es que hoy, en mi país estamos de huelga para exigir la puesta en libertad de las diez personas que tenemos en prisión por motivos ideológicos. También queremos parar el país por la dignidad de las personas y por su derecho a decidir libremente su futuro; por la libertad y la democracia y por la recuperación de la proclamada República catalana, secuestrada a continuación por Rajoy y sus secuaces mediante la aplicación infame de un artículo fantasma de la Constitución española.

Ayer, como colofón a sus argumentos, alguien me decía: “Y, lo siento, pero todos somos españoles”, sin darse cuenta de que ése es su error, justamente. Considerar que todos somos españoles porque ellos ―los españoles― lo dicen y ya está, es no querer ver la realidad y no respetar la sensibilidad del otro.

No, no todos somos españoles. Hay razones lingüísticas, culturales e históricas que demuestran que los catalanes no somos españoles aunque haga siglos que andamos con ellos. Algunos españoles ―y entre ellos quienes gobiernan el país― no son capaces de comprender ―y por lo tanto de respetar― el derecho a la diferencia de quienes han sido sus compañeros de viaje. No sólo eso, sino que, a lo largo de ese tiempo, esos españoles han ignorado muchas veces a los catalanes, los han maltratado y perseguido y hasta han pretendido aniquilar su lengua, la principal seña de identidad de cualquier pueblo. Y los españoles, ahora, aún no se han dado cuenta de que hemos entrado de nuevo en uno de esos terribles períodos oscuros. Y tampoco quieren percatarse de la capacidad de resistencia de este pueblo que no ―lo siento― pero no es español.

Tal vez si España hubiera tratado a los catalanes como se merecen éstos nunca hubieran llegado a pedir su independencia. Todos los españoles que nos quieren con España deberían preguntarle a Rajoy las razones que tiene para habernos llevado a todos hasta este punto de no retorno. Pero ya da igual, porque esto no tiene remedio y es sólo cuestión de tiempo. Aunque estaría bien que los españoles se dieran cuenta de una vez por todas de que las cosas no se imponen porque sí, que en España hay pueblos que no son o no se sienten españoles, porque si continúan haciéndolo, llegará el momento en que hasta una de las dos Españas pedirá la independencia de la otra, la que “ha de helarte el corazón”, como ahora hace Catalunya.

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