El pastel

Una amiga de Facebook que madruga más que yo ha escrito a primera hora de esta mañana una entrada enigmática: “El pastel saldrá del horno en el momento justo. Ahora, si quieres, impaciéntate”.

Aunque no puedo asegurarlo, creo saber a qué pastel se refiere y me apresuro a darle la razón. Y no sólo porque conozco sus habilidades premonitorias, sino también porque hace un par de días que yo tengo la misma sensación: nadie va a sacar el pastel del horno hasta que no haya llegado a su punto justo de cocción. Así que, tranquilidad, que todo se andará.

Ayer me tomé un día de descanso, de reflexión desde la calma. Pero no por ello dejé de recabar información que me dediqué a analizar con espíritu sereno y crítico, intentando controlar mis emociones. Siento rabia e impotencia por las injusticias que creo que está cometiendo el estado español y por la impunidad con que lo hace, aunque algo me dice que la comunidad europea acabará reaccionando. Ayer también me concentré frente al ayuntamiento de mi ciudad con otros miles de anoiencs.

Hoy he leído que Felipe González ha hecho unas declaraciones en las que tilda a Puigdemont de cobarde y de personaje de vodevil. Y, después de leerlo, vuelvo a hacerme la pregunta que ya me he hecho otras veces y que aún nadie me ha respondido: ¿En qué se diferencian estas declaraciones de las que hacen García Albiol y otros destacados miembros del Partido Popular? ¿Y de las que hacen Rivera, Arrimadas, Girauta, Cañas y compañía? ¿Dónde radica la diferencia entre los tres partidos? ¿Por qué tres y no uno sólo, ya que son tantas las coincidencias?

Señor González, no es serio llamar cobarde a quien se juega la libertad por defender hasta las últimas consecuencias el programa electoral que los catalanes votaron mayoritariamente. Sobre todo cuando lo dice quien prometió a todos los españoles en su programa electoral que con los socialistas nunca entraríamos en la OTAN y los metió de cabeza una vez salió elegido.

¡Váyase, señor González! ¡Y déjenos soñar en paz!

El día ha amanecido lloviendo, aunque poca cosa. Después el sol se ha abierto paso durante un rato y, cuando he salido a buscar el periódico, el cielo volvía a ser de un gris consistente. Inmerso en mis pensamientos he dado una vuelta por la ciudad, paseando. Pronto acabará la subscripción que tengo vigente con La Vanguardia y no la renovaré. De hecho ya les he dado instrucciones para que me den de baja, porque no me gusta el tratamiento que están dando al proceso catalán hacia la independencia. Es una subscripción de fin de semana que he mantenido un tiempo pero que no tienen nada que ver ni con mi manera de pensar ni con la suya de presentar las cosas. Hace mucho tiempo que sé que su línea editorial se ha movido siempre en un terreno acomodaticio ―nadar y guardar la ropa―, y que es un periódico que siempre se alinea con el poder cuando las situaciones se hacen delicadas.

Por esa razón, llevo una temporada consumiendo información de proximidad, y consulto a diario las ediciones digitales de medios escritos de menor difusión, que me informan de otra manera. Hoy ya puedo decir que lo primero que hago cada mañana es leer sus editoriales. Y el blog de Ramón Cotarelo ―Palinuro se llama. Ya es un hábito que me ayuda a aclarar las ideas y a formarme una opinión.

Hoy no ha sido diferente, así que puedo decir que yo también estoy de acuerdo en que hemos de ser muy cuidadosos con las cadenas de información que contribuimos a difundir. Siempre habríamos de contrastar todo lo que nos llega sin referencias, para que no nos metan un gol, pero ahora hemos de ser especialmente meticulosos y objetivos puesto que el momento en que nos encontramos, es delicado y es decisivo.

Con respecto a las elecciones del 21D, mi modesta opinión es que ―si llegan a celebrarse, que ya veremos― las formaciones independentistas deberían presentarse coaligadas. Son momentos de unidad a todos los niveles. El Presidente de la República lo ha pedido hoy desde Bruselas y ha creado una página web para promover una candidatura unitaria: https://llistaunitaria.cat/ Yo ya he firmado pidiéndola.

Y, mientras tanto y también el 21D, todos los ciudadanos que deseamos ganar la libertad ―no hay que olvidar que esto va de democracia y libertad― debemos ir a una, sea cual sea el grado de intensidad de nuestro compromiso. Todos debemos acudir a las concentraciones y manifestaciones que convocan nuestros representantes sindicales, políticos y civiles. Y por supuesto, hemos de ir a votar. Todos. No desfallecer y nunca pensar que por uno que no vaya no va a pasar nada. Todos somos necesarios, todos sumamos. Tres millones ―o los que sean― de personas no dejan de ser tres millones de unos.

Ahora se ha hecho de noche aunque aún no toca. Y llueve. Bastante.

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