Nervios

Querid@ amig@:

Hoy también hace un día gris, aunque no llueve y puedo escribir en la terraza y, desde ella, escuchar los sonidos habituales, los de cualquier día laborable normal. La vida sigue igual, que decía aquel patriota que cantaba y que vive en Miami desde hace un montón de años por motivos fiscales. La vida sigue, también en Catalunya, aunque la situación sea excepcional.

Ya he pasado por caja a retirar 155 euros simbólicos ―aún no sé qué haré con ellos― y he leído a mis editorialistas de cabecera. Para mí ha sido una satisfacción comprobar que destacan los mismos aspectos que yo de lo sucedido ayer y que mi opinión coincide bastante con la suya.

Catalunya es un asunto interno de España pero toda Europa habla y opina de ello. En privado, claro, porque en público Europa ha de parecer que está unida y cohesionada, pero parece que la “cuestión catalana” ya forma parte de la agenda del Consejo de Europa.

El proceso catalán también ha ocasionado una fricción diplomática con el gobierno belga. La diplomacia española la ha saldado con una barriobajera amenaza, porque el gobierno español no sólo no sabe negociar, sino que tampoco sabe de diplomacias. Sabe ―eso sí― amenazar a quien no le da la razón porque no piensa como él.

Y todo ello sin hablar de los muchos medios de todo el mundo que se están haciendo eco de lo que está pasando aquí y ahora. Incluso hay alguno que se atreve a recomendar a Rajoy lo que no debe hacer.

Ayer o anteayer ―la velocidad con la que se suceden los hechos me hace perder la noción del tiempo―, Rajoy le dijo a Puigdemont que interpretaría la convocatoria de elecciones autonómicas como una vuelta a la legalidad. Cuando leí la noticia, me llegó un cierto tufo a mierda, al mismo tiempo que se formaba en mi cabeza la visión de alguien a quien le tiemblan las piernas y no puede contener su esfínter porque tiene miedo. No me preguntes por qué me sucedió porque no lo sé y no podré responderte, pero te juro por lo más sagrado que me ocurrió tal como te lo digo. Fue una cosa automática, como un resorte que se dispara por la acción de un estímulo. Y fue fugaz porque enseguida quise apartarla de mi mente. ¿Cómo puede tener miedo quien tiene “la legalidad del orden constitucional y todo el peso de la ley de su parte”? ―pensé.

Pues bien, hoy, leyendo la prensa, he comprobado que no soy el único que piensa que Rajoy está nervioso.

Por cierto, ahora ya ha salido el sol. ¿Será un buen augurio?

 

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