Incredulidad

Queridos amigos:

Hoy, quien está súper incrédulo soy yo.

Por un lado está lo de Pedro Sánchez y el PSOE, que me tiene confundido. Aún hoy, aunque llevo ya varios días denunciándola, no puedo digerir la postura que han adoptado en este asunto nuestro. Puedo entender que los socialistas no sean partidarios de la independencia en el caso de Catalunya, pero hay dos cosas que no me entran en la cabeza.

Una es que se hayan puesto del lado del Gobierno del PP para justificar y respaldar las medidas que ha tomado y las que tomará. No sólo eso; el secretario general socialista se ha desplazado a Bruselas para reforzar la posición del Gobierno ante las instituciones europeas como si fuera uno más de sus ministros.

La otra cosa que no puedo comprender es que el PSOE haya eliminado de su ideario el derecho a la autodeterminación de los pueblos. Ayer escuché a Pedro Sánchez hablar ante las cámaras en Bruselas. Hablaba con la voz más engolada que nunca, con esa voz que pone de galán rancio, de cine de sesión doble, cuando quiere seducir a su auditorio con la que ―me parece a mí― no consigue más que sonar a falso, porque sobreactúa. Y volvió a decir ―ya lo había dicho días atrás― que el partido socialista trabajaría en la reforma de la Constitución para mantener a Catalunya dentro de España, no fuera de ella.

Y a todo esto, ¿Iceta y el PSC qué dicen? ¡Nada, que van a decir! A estas alturas, después de tanta sumisión incondicional, la casa matriz te pasa por encima sin tenerte en cuenta.

Y por otra parte me parece súper increíble que Mariano Rajoy hiciera ayer la oferta de considerar como una vuelta a la legalidad constitucional ―¡qué harto estoy de ese tipo de expresiones!― la convocatoria, por parte de Puigdemont, de elecciones autonómicas. Una de dos: Una, Mariano no se entera; dos, cree que somos tontos. ¿Cómo se le ocurre proponer una cosa así en plena ofensiva de su Gobierno y de toda la maquinaria del Estado contra Catalunya?

En el Parlamento acaba de debatirse sobre el supuesto adoctrinamiento en las escuelas catalanas y, una vez acabado el debate, el ministerio del ramo insiste en que continúa recibiendo denuncias en ese sentido; se ha denunciado a maestros y directores de centros escolares por manifestaciones de odio a la policía supuestamente hechas el día que la policía saqueaba centros escolares; se ha denunciado a alcaldes y concejales por odio a la policía supuestamente por haber pedido a hoteleros de sus ciudades que desalojaran a la policía de sus establecimientos; se ha encarcelado por supuesta sedición a dos activistas civiles completamente pacíficos; hay muchos miembros del Govern (presente y pasado) y del Parlament que están incursos en causas abiertas contra ellos que se encuentran en diversos estados de progreso; se citó a declarar a más de 700 alcaldes y ahora parece que es el turno de los directores de medios de comunicación; se pretende encarcelar al Major Trapero por etéreas razones difíciles de justificar… Y así un largo etcétera al que hay que añadir que, en estos últimos días, destacados miembros del Partido Popular, con la sutileza que les es característica, están sugiriendo ilegalizar a los partidos con programas que contemplen la independencia. Y que otros diputados de color naranja están proponiendo controlar y censurar ―si hace falta, dicen― medios de comunicación y redes sociales.

En este contexto de caza de brujas fascista, ¿cómo se le ocurre a Mariano Rajoy proponer esa convocatoria de elecciones autonómicas? Debe ser porque, como Pedro Sánchez no se ha percatado ―o no quiere percatarse― de la deriva fascista que está tomando el país bajo el mandato de Rajoy, éste piensa que los catalanes también somos tontos y que no nos damos cuenta de que, en el ínterin, antes de la celebración de los comicios, ya habría ilegalizado a los partidos independentistas para que no pudieran presentarse. ¡Como si no tuviéramos ya bastantes muestras de lo rápido que se mueve el Tribunal Constitucional cuando se trata de Catalunya y su proceso de independencia!

Ahora ya conozco el contenido de la respuesta de mi President a Rajoy y me parece bien que continúe insistiendo en el establecimiento del diálogo. Confío en el buen hacer que ha mostrado hasta ahora. Por otra parte, Puigdemont tiene en su poder toda la información que hay que procesar y evaluar antes de tomar sus decisiones. Y, sin embargo, pienso sinceramente que no hay nada que hacer, que Mariano Rajoy y su Gobierno ni bajarán del burro ni darán su brazo a torcer.

Pero mi opinión, queridos amigos, no le importa a nadie. Yo no soy más que un particular, un pobre diablo, un ciudadano de a pie que vota cuando cree que tiene que votar ―incluido el referéndum de autodeterminación de Catalunya―, paga religiosamente sus impuestos y no tiene filiación política alguna.

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