Frustración

Querid@ amig@:

Se calcula que unas 30.000 personas se reunieron ayer en el Passeig Lluís Companys para apoyar a su President, que comparecía a petición propia en el Parlament para analizar la situación política resultante de la victoria del sí en el referéndum de autodeterminación que NUNCA EXISTIÓ. Ni que decir tiene que la mayoría de ellos, si no todos, esperaban que declarara la tan ansiada independencia. Y esperaron pacientemente mucho. Incluso soportaron estoicamente un aplazamiento de una hora que él mismo solicitó para subsanar algún problema de última hora.

La espera valió la pena, porque finalmente el President proclamó la independencia dando validez a la voluntad popular expresada por más de 2 millones de catalanes, más del 90% de los votos emitidos el 1 de octubre. Pero a continuación, la dejó en suspenso temporalmente abriendo un período para la negociación que estos días se está pidiendo desde muchos ámbitos, tanto de nuestro país como del resto de Europa y aún del mundo. Sin duda, un jarro de agua fría para los sediciosos de todo el territorio catalán, pero sobre todo para aquellos que se habían tomado la molestia de esperar a pie firme en la calle la proclamación de la República.

Y no obstante, la multitud secesionista se disolvió poco a poco y pacíficamente, sin alborotos, sin ocultar su desencanto ante los micrófonos que los periodistas les acercaban. Otra muestra de civilidad de este pueblo catalán demonizado injustamente por los embustes del gobierno.

Mientras tanto, cuando Puigdemont ya se dirigía al pleno del Parlament, una caravana de cuarenta furgonetas de la policía nacional se desplazaba arriba y abajo por la Gran Vía haciendo sonar sus sirenas. Demasiado estrépito para no ir a ninguna parte. Pero en fin.

Y, mucho rato después de que hubiera acabado la discurso del President, en Moncloa compareció Soraya. Sin ser capaz de disimular la tensión que se reflejaba en su rostro, hizo una breve declaración, demasiado breve para el tiempo que le llevó redactarla al gabinete de crisis que Mariano había reunido para seguir los acontecimientos. Y a pesar de las muchas vueltas que debieron darle al asunto, el Gobierno no dijo nada nuevo, nada que no sepamos ya. Más de lo mismo, negación de los hechos, imperio de la ley, orden constitucional, etcétera. Y es que en la cabeza de Mariano no caben alternativas.

Ya ves, querid@ amig@, tres ejemplos bien diferentes de cómo gestionar la frustración.

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