¿Diálogo?

Querid@ amig@:

Otra vez me ha despertado en mitad de la noche y ya no he podido dormir. Una pregunta me venía a la cabeza una y otra vez: ¿Diálogo?

El sábado, calles y plazas de muchos lugares de España se llenaron de gente que reclamaba diálogo. Muchas personas acudieron a esas concentraciones convocadas por una organización surgida espontáneamente con la finalidad de conseguir que el Gobierno de España y la Generalitat discutan y limen sus diferencias sentados en torno a una mesa.

Y el domingo, la llamada mayoría silenciosa dejó de serlo por fin y salió a las calles de Barcelona convocada por Sociedad Civil Catalana, organización que se define como asociación cívica y cultural no adscrita a ningún partido a la que se pertenece a título individual, aunque eso sea discutible. Yo nunca he entendido muy bien por qué algunos la llaman mayoría silenciosa cuando a nadie se le ha prohibido nunca hablar para decir lo que piensa, pero, sea como sea, el hecho es que desde ayer habrá que buscarle otro nombre a ese colectivo, dado que las 350.000 personas venidas de toda España que la Guardia Urbana de Barcelona calcula que respondieron a la llamada, son la mitad de las que calculó que habían participado en la manifestación del día del paro de país. Hablo sólo de Barcelona, porque el día 3 hubo manifestaciones simultáneas y multitudinarias en todas las capitales de comarca catalanas.

Pero, en cualquier caso, no son los bailes de números los que me preocupan. La manifestación de ayer discurrió por las calles bajo el lema “¡Basta, recuperemos el sentido común!”, que ―aunque sea un poco tramposo― lleva implícito el deseo de que se recupere el diálogo y la negociación, o así me pareció entender que lo pedían los organizadores en sus declaraciones a los medios. Dejando de lado las variopintas ideologías de quienes acudieron a la llamada, no siempre tolerantes y mucho menos dialogantes ―de ahí los incidentes y altercados que se produjeron en algunos puntos y las escenas de corte fascista que se vieron―, lo cierto es que hay que admitir que, aunque sean menos que las que pedían la independencia, 350.000 personas son mucha gente pidiendo sentido común, si damos por bueno que estaban allí para eso, cosa que hemos visto que no era así si atendemos a lo que declaraban ante las cámaras de televisión.

La pregunta que me hago es ¿a quién se le está pidiendo el entendimiento? Quizá me equivoque, pero me parece bastante evidente que se les pide a Puigdemont y a Rajoy.

Puigdemont ―y otros antes que él― se ha cansado de decirle a Rajoy que hay que hablar de Catalunya. Tantas veces como se le ha pedido, Rajoy ha respondido invariablemente que no, y a pesar de ello, cuando le preguntan, Puigdemont ―aunque tiene un mandato claro que cumplir― aún dice estos días que se puede hablar y deja la puerta abierta a una negociación.

Rajoy, por el contrario, decía ayer mismo en su entrevista a El País que no hay nada de qué hablar, que la Constitución no se toca y que la unidad de España no se discute.

Parece un androide programado para negar.

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