Tristeza

Estaba triste y quería decírtelo. Para poder ser preciso, estaba buscando en la red una información que he visto estos días. Decía que, según la encuesta de un periódico, más del 50% de los españoles considera que la actuación policial del 1 de octubre en Catalunya no fue desproporcionada; repito, NO FUE DESPROPORCIONADA. No recuerdo exactamente el porcentaje y por eso que me he puesto a buscar el dato, porque no quiero engañar a nadie, pero he desistido al comprobar que no ha sido sólo un periódico el que se ha dedicado estos días a hacer tan morbosa encuesta, sino bastantes. Confieso que ahora estoy mucho más triste de lo que estaba antes de empezar a escribirte estas líneas, porque ya no me importa el porcentaje, sino que ahora lo que considero importante son los hechos: el hecho de que a alguien se le ocurra hacer esas encuestas, el hecho de que a alguien se le ocurra responderlas y el hecho de que a más de la mitad de la población de todo un país le parezca que está bien que unos peleles uniformados, armados y pertrechados hasta las cejas machaquen de mala manera a sus semejantes con una papeleta de voto en sus manos alzadas.

Estaba triste por eso y quería decírtelo. Y estaba triste, también, porque leí que “un grupo de españoles bien nacidos” residentes en Londres se han organizado para “cazar catalanes independentistas de mierda” y se habían citado a las 9 de la noche de ayer en Camden. No es broma, es tal como te lo digo. Incluso los tienen localizados, porque se han preocupado de recabar sus datos en las redes y conocen las direcciones de los que han colocado banderas separatistas en sus ventanas o balcones. No es broma, es tal como te lo cuento, hasta el punto de que la policía de Londres, que está advertida, ha montado un dispositivo especial de protección en la zona.

Hoy estaba triste y he decidido salir de casa para que me diera el aire y distraerme y animarme un poco. Por cierto que ésta es una recomendación de los jefes separatista que nos tienen abducidos a todos los catalanes sediciosos, que somos tan pusilánimes que sólo oponemos resistencia pasiva y sonreímos y no repartimos hostias. Y, abducido como estoy, les he hecho caso y he salido y me he ido a un pueblo de la provincia de Lleida, laborioso, agrícola  e industrial, orgulloso de su producto estrella, que es el turrón. Qué maravillosa mañana he pasado compartiendo las bondades de un día magnífico con otros miles de compatriotas sonrientes ― ¿abducidos? ―, en paz y armonía, paseando por la feria.

Volviendo a casa pensaba en hacerte un resumen de la situación. La mañana me ha servido para ordenar las ideas y creo que ahora estoy en mejores condiciones que nunca de explicarte cómo veo las cosas y las diferentes alternativas que pienso que tiene la situación que vivimos. Pero después del bochorno que te he descrito en el primer párrafo, se me han ido las ganas.

Ya te lo contaré mañana.

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