Adiós, Mariano!

Querido Mariano, voy a cortar este canal de comunicación tan peculiar que nos ha unido desde que el 20 de septiembre invadiste la sede de nuestra Conselleria d’Economía.

Hasta el último momento he querido mantener viva la esperanza y me habría gustado que reaccionaras ante lo evidente. Te lo he estado advirtiendo todo el tiempo, pero tú has hecho como que no me oías. Yo sé que me oías y también sé que no hacía falta que nadie, ni siquiera yo, te dijera cual es el quid de la cuestión, que tu ya lo sabes. Hacerte el sueco a conciencia en este tipo de cuestiones no sólo demuestra que eres mala persona sino que a la larga es mucho peor porque enquista los problemas, los enrarece y los complica hasta meterlos en callejones sin salida.

Lo estabas viendo cada día: el pueblo catalán se había sublevado contra la injusticia y reclamaba su derecho inalienable a decidir libremente su futuro. Pero tú, tus ministros y tus fiscales, empecinados en no dar vuestro brazo a torcer, habéis llevado las cosas hasta un límite tan esperpéntico que ya somos tristemente famosos en todo el planeta por la desproporcionada y violenta respuesta policial que habéis dado a nuestro referéndum.

Después de lo que hicisteis el 1 de octubre se ha roto cualquier vínculo que pudiera haber entre mi país y el tuyo. Este pueblo catalán, por su comportamiento ―ejemplar estos días, admirable siempre―, no merece el trato que ha recibido y, aunque sólo fuera por eso, ya no quiero saber nada más de ti.

Pero no acaban ahí las cosas. Esta noche, después de la jornada de huelga, has puesto delante de las cámaras de televisión a un títere que se ha prestado a leer para todos los españoles el discurso que le habéis redactado, un discurso beligerante y nada tranquilizador en el que su majestad de hojalata ha culpabilizado al pueblo catalán de la desgracia de haber sufrido durante años tus reiteradas negativas al diálogo. Una manipulación más para tener contentos a esos cientos de miles de votantes  a los que te aferras para mantenerte al frente de un gobierno corrupto e indigno. Ni siquiera ha tenido palabras de consuelo para quienes han sufrido lesiones debidas a la delicada actuación policial. Y esa afrenta, la de un rey crispado que se parecía más a vuestra idolatrada Soraya que al jefe del estado que debería ser, ha sido la guinda que le faltaba al pastel que nos has regalado.

Hasta ahí podíamos llegar, Mariano. Por ahí no paso y me voy, corto toda comunicación contigo.

Pero antes, déjame decirte que nunca te estaré lo bastante agradecido por haberme permitido conocer de primera mano el calado de la dignidad de este pueblo, de las mejores virtudes de sus gentes, esas que afloran en las situaciones más complicadas. Y estos días, unidos contra tu arbitrariedad y contra la brutalidad gratuita de tu policía, he podido ver a miles de personas tomando las calles y desbordando las plazas. Pacíficamente, tranquilamente, sonriendo. Hombres, mujeres y niños de todas las edades, catalanes y españoles procedentes de cualquier lugar de España, magrebíes e inmigrantes de otras procedencias hermanados todos por un anhelo común de libertad.

Sin tu impagable intervención, nunca habría sido posible tanta unanimidad.

PD: Te he escrito siempre en español para que no haga falta que nadie te lo traduzca. Llevado por un exceso de celo, podría manipularlo.

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