Juego de Tronos

Hoy ha llovido y ha sido para mí un día poco productivo, desde el punto de vista de la escritura. Teníamos que rellenar la despensa, bastante maltrecha después de un verano logísticamente complejo, y hemos ido al supermercado a comprar.

Por la tarde hemos dedicado un par de horas a avanzar en el visionado de Juego de Tronos, una serie de televisión que, justo ahora, acaba de emitir el último episodio de su séptima (que no última) temporada.

Nosotros nunca habíamos sido aficionados a las series, pero, últimamente, hemos visto alguna, animados por los jóvenes de casa, que están muy puestos en el tema. Ellos sí, pero ninguno de los dos ha visto Juego de Tronos, a pesar de que la serie está presente en todas partes y mucha gente habla de ella. Está tan de moda que nuestros primos nos la recomendaron cuando estuvimos con ellos en Aransís hace quince días. Ellos la han visto entera.

Acabamos de empezar la quinta temporada justo ahora. Debo reconocer que se trata de una superproducción que no escatima a la hora de poner recursos al servicio de la historia. Ni materiales, ni técnicos ni humanos. Hay de todo, hay mucho y cuenta con una realización impecable. El guión me parece bueno, los diálogos bien trabados y la trama tan cargada de intrigas y pactos de conveniencia como la vida misma, así que resulta fácil engancharse a ella y acabar de ver un episodio queriendo saber qué pasará en el siguiente.

Algunos capítulos me han parecido de relleno y se me han hecho tediosos. En varias ocasiones he estado a punto de abandonarla por la crudeza y la violencia de algunas escenas, que me han parecido tan excesivas como innecesarias. También hay bastante sexo, en un esfuerzo de recrear fielmente cómo debían ser las cosas en la Edad Media, la referencia temporal en la que discurre la trama, bien que modificada con elementos fantásticos. Pero es verdad que los dragones que echan fuego por la boca, los personajes con poderes sobrenaturales y los muertos vivientes que se levantan de sus tumbas, ni abundan ni aparecen mucho. Nos lo habían dicho nuestros primos.

El balance global es bueno, en fin. Por lo menos de momento. Juego de Tronos introduce elementos para espectadores de todos los gustos. Los guionistas combinan esos elementos y hacen que la acción transcurra alternándose por los diferentes escenarios. La intriga que se desarrolla en cada lugar tiene su propia lógica, pero, al mismo tiempo, está relacionada con una trama superior que es la que da sentido y ensambla todas las piezas de la historia en conjunto.

Está bien y puede verse, si estás dispuesto a hacer de tripas corazón en algunos momentos. Pero tampoco creo que no se pueda prescindir de ella. Si tienes una televisión inteligente y quieres empezar a verla ahora, puedes suscribirte a la plataforma HBO, que es la que ofrece todas las temporadas de Juego de Tronos. El primer mes es gratis, así que, si dispones de tiempo y te das prisa… En fin, ya sabes.

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