En el camino

Un número muy literario el del Magazine de ayer. En su sección titulada “Buena vida” publica también una especie de guía breve de los lugares que Jack Kerouac y sus amigos beatniks frecuentaron en sus diversos viajes a lo largo de todo el territorio de los Estados Unidos. Las vivencias de aquellos viajes quedaron plasmadas por Kerouac en su novela “En el camino”, que fue biblia y manifiesto de la generación beat y se convirtió en novela de culto y en un clásico de la narrativa norteamericana. Ahora, en setiembre, van a cumplirse 60 años de su primera edición, aunque Kerouac acabó de escribirla en 1951.

Gracias al artículo he recordado yo que tenía esa novela y me puse a revolver los estantes de mi modesta biblioteca. Y, efectivamente, allí la encontré, junto a algunos otros libros de viajes, porque “En el camino” puede considerarse una novela de viajes. Como La Odisea, Don Quijote, La vuelta al mundo en 80 días o El señor de los anillos, según Rodrigo Fresán, escritor argentino responsable de una reseña en “El País” que desentrañaba las circunstancias en las que Kerouac escribió su novela y me incitaba a mí a comprarla. Hace diez años de eso. Fue con motivo del 50º aniversario de la publicación de “En el camino” y lo sé porque he encontrado aquel artículo del 5 de setiembre de 2007 cuidadosamente plegado en ocho dobleces entre las hojas del libro. Y, pegado con cola en la parte interior de la contraportada, también he encontrado el comprobante de compra: Llibres Llorens, Vilanova i la Geltrú, 6 de setiembre de 2007, 11 euros.

No recuerdo las razones por las que no leí entonces la novela. Quizá estaba inmerso en otras lecturas, la dejé para más adelante y luego la olvidé. No lo sé, es lo más probable, porque lo cierto es que el libro está intacto y que había olvidado completamente que lo tenía. Hasta ayer, cuando leí el Magazine.

Y me viene de perlas porque siempre hubiera querido ser un buen narrador de viajes. Bueno, en realidad no sería necesario especializarse en nada, yo me conformaría con ser un buen narrador. De cualquier cosa, de cualquier historia interesante o que pueda hacerse interesante gracias a una buena narración. Pero digo que me viene bien haberla encontrado porque ahora, justo el mismo día que hace diez años compré el libro, Anna y yo tenemos proyectado iniciar un viaje en coche. A Asturias, unos pocos días para conocer someramente un lugar donde aún no hemos estado.

Y aunque, viaje por carretera aparte, Asturias no es América y no hay ninguna similitud entre Kerouac y sus amigos y nosotros dos, porque ni éstos son los años cincuenta ni nosotros somos jóvenes, leer el libro puede ser un estímulo para el viaje y resultar inspirador para un hipotético relato. Naturalmente, ya he puesto “En el camino” encima de la mesita de noche, para no olvidarme de leerlo esta vez.

Porque, eso sí, nosotros también estamos locos por vivir, como los beatniks.

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La Fiesta Mayor ha echado el telón con un bonito piro musical. Nunca he entendido por qué se cierran los festejos con un espectáculo que asombra a los pequeños y deslumbra a todo el mundo. Para despedirla hasta el año próximo, sería más apropiado programar un réquiem. Y es que, además, al día siguiente los mayores han de trabajar.

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