Familia

Vinimos a La Rápita hace unos días acompañando a mi suegra. En vida de su marido, venían los dos a pasar todo el verano en el piso que compraron. Él había nacido aquí y siempre tuvo debilidad por el Delta y por Sant Carles. Ahora, sola desde hace un par de años, solo viene unas semanas. Este verano, ha acogido durante unos días a su sobrino, su mujer y sus dos hijos. Y a nosotros y a Paula, que nos quedamos con ella para acompañarla y para ayudarlos a todos con los niños, sobre todo el pequeño, que es tremendamente movido.

Ahora ya estamos solos, ella y Anna y yo. Paula ya está en Platja d’Aro, trabajando. Y la familia visitante se fue a Madrid, a reunirse con otras familias amigas para pasar juntos el fin de semana. Después de tanto trajín como ha habido en la casa estos días, en medio de tanta tranquilidad como se respira ahora, los tres hemos recuperado nuestras rutinas y podemos hasta leer y escribir. Así que yo he acabado “Colgando de un hilo” de Dorothy Parker, que me ha gustado con algún pero, y he empezado “Todo esto te daré” de Dolores Redondo.

De la calidad de la Parker como escritora no tengo nada que dudar. ¿Qué podría objetar yo que no entiendo de nada, como ya he repetido? Pero sí puedo opinar que, a pesar de la maestría con la que ella construye sus relatos, se me ha hecho aburrido que todas las historias de la recopilación tengan protagonistas femeninas resignadas al rol de mujeres que deben complacer los deseos de los hombres. Aunque podría parecer lógico que así sea, dado que se trata de un ramillete de relatos publicados en diarios y, sobre todo, revistas neoyorkinas pensadas para mujeres. No sé si, como yo detecto, existe una crítica de fondo hacia ese modo de entender la vida y el papel de la mujer en ella, pero a mí me parece que Parker, a base de describir las situaciones que se daban en su época, ridiculiza la sumisión y la falta de criterio de las protagonistas.

En cuanto a Dolores Redondo, por estar leyendo su Premio Planeta en formato e-book, puedo decir que llevo leído el 16% de la novela y que, hasta ahora, me mantiene interesado. Sin embargo, también debo decir que ya ha habido algún momento en que la profusión de detalles me ha parecido excesiva y que hasta que no andaba por el 13% no se me ha insinuado de qué podía ir el argumento. Todo ello abona mi teoría de que, para ser contada, una història no necesita ocupar tantas páginas como solemos concederle.

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Finalmente no llovió en todo el día, ni aquí ni en muchos quilómetros a la redonda, creo, lo que os permite haceros una idea muy aproximada de mis capacidades para predecir el tiempo.

Cuando el sol ya bajaba por la cara oculta del Montsià, decidimos abandonar el acondicionado refugio desde el que nos protegemos de la ola de calor que nos castiga inclemente e ir a picotear alguna cosa que nos sirviera de cena. Nos instalamos junto al Varadero, restaurante de los de toda la vida, en la terraza de un chiringuito que, por añadidura, queda próximo al puerto y a la playa de Garbí. La temperatura era agradable y una suave brisa nos acariciaba de vez en cuando.

Después, mientras una luna casi llena se debatía por salir de detrás de una nube, paseamos bordeando la arena. El Parc de Garbí estaba desierto a aquella hora. En la penumbra de la playa, los propietarios de un chiringuito se afanaban en recoger y dejar todo a punto para una nueva jornada. Y, cerca del agua, alguien buscaba un tesoro oculto en la arena con un estrafalario artilugio que supuestamente detecta metales.

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